jueves, 28 de agosto de 2014

Un dia normal

Stilettos, pollera, camisa, chaqueta. Perfume sutil, maquillaje sutil, actitud empresarial y estaba lista para salir. Como todos los días en su auto, alta gama, decorado por ella, blanco, pulcro y distinguido. Ni bien se subía se sacaba los zapatos, porque le era imposible manejar con ellos. Conducía durante quince minutos, en un trayecto que amaba, hasta el edificio en el que trabajaba, en pleno Puerto Madero, de la Ciudad de Buenos Aires. Dejaba su auto en la cochera subterránea del edificio y subía en el ascensor hasta el tercer piso, lugar donde se ubicaba su oficina.
Su padre era hotelero y manejaba una amplia cadena de hoteles repartidos por todo el país. Florencia era la encargada de administrar, controlar y corroborar que todo fuera sobre ruedas ya que su padre se había quedado con el tema de la globalización y ahora se dedicaba a ser padre de familia. Entre reniegues y desacuerdos, Florencia se hizo cargo de la empresa familiar, mientras que sus otras hermanas se dedicaban a estudiar, recorrer el mundo, ejercer la profesión que amaban y vivir tranquilas con el apoyo de su hermana, que trabajaba todo lo que ellas no. Pero no estaba tan mal, a ella le gustaba el mundo empresarial, y a la vez le encantaría ser artista. Dibujar, pintar y recorrer el mundo en busca de inspiración para su próxima obra. Pero de momento se tenia que encargar de mantener a su familia, a la mujer del padre, a dos hermanas y a una madre trastornada.
-Buen día, Dolores ¿Algún mensaje de temprano? -saludo de casi todos los días.
-Sí señorita. Un problema con el gerente de Mar del Plata. La gente de inteligencia descubrió un hurto de diez mil pesos en el último mes.
Suspiró. Otro gerente que cambiar.
-Muchas gracias, Dolores.
Tenia que cambiar a esa chica. Cada vez que la nombraba era para sentirse mal ¿Quien no se siente mal cada vez que dice Dolores? Es como recordarte que tenes un dolor. Horrible. Que se ponga otro nombre.
-Avisame cuando llegue Miguel, por favor. - le dijo al ultimo.
Miguel era su socio y mejor amigo, y con su entusiasmo él solucionaba todos los problemas.
Revisar la computadora, los balances de los hoteles, resúmenes de la gente de humanidades, posibles clientes, altibajos en cada sector del pais.
Martín, su padre, habia comprado y trabajado hoteles en casi todo el pais. Florencia vendió los que creía menos controlables y dejó los mas faciles de manejar a distancia. Bariloche, Mar del Plata, Termas de Río Hondo y Buenos Aires. Ella controlaba todo desde una oficina en Puerto Madero, y, si era necesario, se hacía una visita por el hotel conflictivo del momento a solucionar los problemas y darse un descanso de la gran ciudad, que poco le gustaba.
-Señorita Florencia, tiene una llamada de una supuesta amiga de la facultad que dice llamarse Blanca ¿Se la paso?
-Si, si, Dolores. Pasámela.
-¿Hola?
-No te puedo creer que ahora tenes secretaria, Flor ¿Te acordaras de mí?
-Obvio Blanquita, no me jodas ¿Cómo me voy a olvidar?
-Como hace tanto tiempo que no nos comunicamos.
-Bueno. Lo que pasa es que estoy tapada de trabajo.
-Que lindo ¿Vos te acordas cuando me dijiste de un negocio? Ibamos a primer año y vos ya tenias armado el negocio en el que ibamos a trabajar.
-Obvio que me acuerdo, Blanquita. Pero en este momento me es imposible hacer una cosa más. Si querés yo te lo armo y lo trabajas vos.
-Que chica mas responsable. Mirá, vos me dijiste que ibamos a hacerlo juntas.
-Ya se, Blanquita, pero ya te conté cual es mi situación en este momento. Mi viejo no puede trabajar y no puede dejar todo esto en manos de un extraño. Yo le prometí que iba a ser su sucesora.
-Si, Florci, ya se. Bueno. Igual podemos ser socias.
-Sí, obvio. Vos ubicate todo, o sea: el local, el transporte y todo lo que necesitariamos, me mandas un inventario y yo te mando la plata. Hacemos ochenta veinte o noventa diez, no tengo drama. Si te queres quedar con todo el porcentaje vos, por mí esta de diez.
-No, Florci, ¿Como se te ocurre? Hacemos cincuenta cincuenta.
-No, ni loca. Si vos sos la que pone toda la mano de obra, te mereces el mayor porcentaje. Hacemos ochenta veinte y no se habla mas. Y hablala a Ibana o a Antonella a ver que onda, si te pueden ayudar o algo. Conseguite alguien que te ayude.
-Sí. Tengo un par de amigas que estan en la misma que yo: recién recibidas y sin un trabajo. Así podemos armar bien el negocio.
-Bueno Blanquita, organizate bien que yo no tengo ningún problema en apoyarte. Y por ahí algun día de estos te voy a visitar.
-Sí. Te quiero ver por acá y quiero que me cuentes qué onda tu vida en Buenos Aires, que era que nunca te ibas a ir a vivir para allá.
-Sí, que va a ser. Las cosas cambian de un momento a otro sin que nos demos ni cuenta. Bueno, tengo que seguir. Un dia de estos te aviso y te caigo en tu casa. Nos vemos Blanquita.
-Nos vemos nena. Te re extraño.
-Ay, ¡yo tambien! Todas las vueltas de la facultad caminando y charlando de la vida y de las macanas que me mandaba.
-Si. Totalmente. Bueno, te voy a estar esperando ¿Si?
-Sin falta. Me hago una escapada un finde de estos sin ningún problema.
-Chau Florcita.
-Chau Blanquis. Organizate eso que yo te pongo la tarasca.
Blanquita. Una amiga de la facultad. La conoció en primer año de diseño de interiores y equipamientos en Tucumán y le propuso un negocio de reciclaje de muebles y cosas en desuso, para venderlas a un precio accesible y poder introducir el diseño en la clase media. Un plan que fue interrumpido, al menos para Florencia, por la repentina enfermedad de su padre, que tuvo que dejar de trabajar y le pidió a ella que continuara con sus empresas.
-Tengo el evento para esta noche. - Dijo Miguel entrando en la oficina.
-Que lindo amanecer con esa noticia.
-La asociación de hoteles de Mar del Plata hace un evento inaugural esta noche, para todos sus asociados en el hotel Garden.
-Que bueno. Porque tengo que conseguir un nuevo gerente para el hotel de Mar del Plata.
-Ah. Sí me dijo Dolores. Parecía buenito ese chico.
-Todos parecen buenitos y nos terminan jodiendo. Okay. Me imagino que ya tenemos vuelo ¿no?
-Em... Ya me encargo. Y vos andá pensando qué te vas a poner.
-Sí, obvio.
Claro. Con tantos números, resúmenes y problemas, seguro se iba a poner a pensar en qué ponerse esa noche. Algo iba a encontrar en el placar que coincida con como se sentía esa noche, para ponerse.

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